Hay una frase que se repite en casi todas las organizaciones que visito: “Estoy hasta acá.”

Se dice con orgullo. Se dice como señal de compromiso. A veces, se dice para no tener que pensar.

Eso es busyness: la ilusión de estar haciendo mucho cuando, en realidad, estamos corriendo sin dirección.


No es pereza disfrazada. Es algo más sutil y más peligroso.

Es el gerente que responde 200 mails por día y no tiene tiempo para hablar con su equipo. Es el vendedor que hace 40 llamadas y cierra ninguna. Es la persona que sale agotada a las 9 de la noche y al día siguiente no recuerda qué hizo.

La ocupación sin foco no produce resultados. Produce cansancio. Y el cansancio crónico no es dedicación: es un problema de gestión.


Cal Newport —investigador del MIT y autor de Deep Work— lleva años estudiando este fenómeno. Su conclusión es incómoda: la mayoría de las personas en el mundo corporativo confunde actividad con productividad. Y las organizaciones, sin quererlo, suelen premiarlo.

Quien más corre parece más comprometido. Quien más horas hace parece más valioso. Quien más reuniones tiene parece más importante.

Pero ninguna de esas métricas mide lo que en realidad importa: qué estás generando.


En las charlas que hacemos con equipos, una pregunta simple suele generar silencio incómodo:

¿Cuánto de lo que hiciste esta semana fue realmente importante?

No urgente. No reactivo. No por demanda de otro. Importante.

La mayoría de las personas se queda quieta. Algunos sonríen con incomodidad. Pocos contestan con convicción. Y ahí está el problema.


La busyness tiene un costo que pocas organizaciones miden: el desgaste de personas que trabajan mucho y sienten poco.

No es solo un tema de bienestar. Es un tema de sostenibilidad. Los equipos que corren sin parar sin ver para qué, eventualmente paran solos. Se van. Se enferman. Se apagan.

Y cuando eso pasa, el costo para la empresa —rotación, clima, productividad, reputación— es mucho mayor que el de haber puesto el foco donde correspondía desde el principio.


La pregunta que vale la pena hacerse —como líder, como equipo, como organización— no es ¿cuánto hacemos?

Es ¿qué estamos haciendo que realmente importa?

Esa conversación, cuando ocurre de verdad, cambia algo.


¿Tu equipo trabaja mucho pero siente que avanza poco? Hablemos.


Martín Leroy Director · Grupo Aukera Consultores Especialista en Felicidad en el Trabajo · Partner Internacional Woohoo Inc. (Dinamarca)